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miércoles, 2 de junio de 2010

La apestosísima vida laboral

Hace días que traigo una bronca en el trabajo. No es el clásico problema del jefe, o de los compañeros, no es que esté atascada de chamba o estresada, no es nada común. Aunque a lo largo de estos días me he dado cuenta que es más común de lo que creía.

El problema es que una empresa quiere exigirte que des lo mejor, que trabajes en equipo, que cumplas tus responsabilidades y ahí entre tus ratos libres aportes valor agregado al negocio. Si no, te puedes ir con tu cajita de sopresas a otro lado. Porque claro, la situación está que arde y ahí del imbécil que se atreve a renunciar a su chamba en busca de algo mejor, en estos tiempos... ¿Pero qué pasa con las responsabilidades de la empresa? ¿Qué pasa con su trabajo en equipo? ¿Con su valor agregado? Muy sencillo, ellos no lo dan. Ahora la empesa no se responsabiliza por su trabajadorresponsabledevaloragregado. Ahora se lavan las manos y dicen que una agencia va a responder por ti, porque sale más barato.

Finalmente resulta que la agencia te dice: "No, yo no puedo responder por ti porque tu en realidad eres empleado de la otra empresa, yo nada más te administro". Como diría Cafe Tacvba: ¿Y entonces dónde quedo yo? Pues en la tierra de nadie. Si te acercas a uno este te mandara con el otro y viceversa, haciendo un círculo vicioso que nunca acaba. Me acerqué con amigos y me dijeron: "así es ahora, hay que aguantarse", me acerqué con un abogado y me dijo: "así nos las gastamos los abogansters" me acerqué a los compañeros de trabajo y me dijeron: "al menos tienes chamba" me acerqué a la familia y se fusilaron la línea de los compañeros de trabajo. Al final el mensaje fue: "ni te quejes, porque afuera hay más jodidos que tú".

Yo me pregunto, ¿Es ese el tabulador para decidir cuan feliz o agradecido debes estar? Quiero decir, si me atropella un micro y me rompo un pie, será mejor que no me queje, porque hay alguien que ni siquiera tiene pie; o puede venir algún vecino a decirme que otro atropellado se murió, así que mejor agradezco que el micro nada más me dejó tullida. ¿Que tal si dejo a un lado los ejotes del mole de olla porque no me gustan? también debería ponerme a pensar que los haitianos o los chilenos no tienen que comer y agradecer por tragarme unas pinches verduras verdes que ni me gustan. Y así sucesivamente. Claro, yo debería estar saltando de la emoción. Si un limpiaparabrisas viviera un día de mi vida se sentiría en el paraíso ¿no? ¿es la idea? y si yo viviera un día en la vida de un empresario de Dubai, también estaría en el paraíso ¿no? Pues no.

Cada quien tiene sus broncas y sus días felices muy acordes a su estilo de vida. Hay gente que es feliz comiendo tapioca y no por eso me debo poner a comer tapioca. Yo, con todo lo arrogante y estúpido que me han hecho creer que suena, merezco algo mejor. Merezco algo mejor porque me he esforzado por ello, porque cada vez que quise algo me puse a trabajar para conseguirlo, porque sé lo que es trabajar sábados y domingos por 3 pesos con tal de tener algo tuyo, porque veo que el de al lado tiene más que yo y en realidad nos partimos igual la madre. No quiero que le den menos, quiero que nos retribuyan el esfuerzo por igual. Así como es malo sobrevaluarse es malo subvaluarse, y yo no valgo menos como para que me den menos por hacer exactamente lo mismo que otros. Mucho menos estoy dispuesta a recibir un trato peor o menos derechos/privilegios que otros, no si en realidad estamos al mismo nivel. Y si no hubiera ningún comparativo, igual exigiría más, porque en realidad creo muy al Palacio de Hierro, que lo valgo.

Por eso hay tantas injusticias, por conformismos, por fracesitas como: "antes di que tienes", "agradece, que hay peores", "la cosa está bien difícil, ni le muevas", etc. Se han puesto a pensar qué pasaría si en vez de tener a 3 fulanos atrás de ti pidiendo menos que tú y ofreciendo hacer más, ¿fuera al revés? Que tal que te entrevistan y pides 10 pesos por hacer 10 cosas, y el de atrás pide 11 por las mismas 10 y el de atrás 11 por 11. La empresa ya no podría decir: "tranquilo, deséchalo que hay mil que quieren su chamba por mucho menos". No. Ahora tendría que valuar si le conviene más pagar un prospecto de 11 para que haga 11, o 10 por 9 por que está más especializado, o 10 por 10 porque es lo justo y no hay más barato. Pero no, ahora estar capacitado y especializado es un handicap. Ya ni siquiera se arriesgan a ofrecerte una cantidad, simplemente te desechan por estar sobrecalificado. Si no tienes ese valor agregado no importa, habrá ofertas pero claro, de 3 pesos porque eso es lo que vales sin especialidades, sin capacidades extra. El dilema de Shakespeare cambió a "saber o no saber". El mundo ha orillado a la vida laboral ha ser un sandwich sin jamón. Sí, es la mejor analogía. Antes podías ser la tapa de abajo cuando empezabas a adquirir experiencia, luego podías ser el jamón, luego con alguna especialidad o experiencia en cargos más altos podías ser queso y finalmente la tapa de arriba. Esa era la carrera. Ahora puedes ser la tapa de abajo o la de arriba. Si sabes mucho, lo mejor será que tengas buenos contactos para poder ser la tapa de arriba. Si no, hay de 2: Saber mucho y aún así ser la tapa de abajo o saber poco y seguir siendo la tapa de abajo por siempre.

Yo no sé a qué bestia ni en que ridículo momento se le ocurrió que, cómo lo cosa está difícil no merecemos lo mejor. No señor, merecemos lo mejor. Sobre todo cuando te partes el alma para obtenerlo. Yo Verito Lopez Tomate ha pesar de las frases trilladas y el miedo generalizado a soltar una rama para agarrar otra, me niego a ser la tapa de abajo y me niego rontudamente a comer tapioca.

martes, 23 de marzo de 2010

Porque nos gusta perder el tiempo

Odio muchas cosas en la vida, aunque muchas cosas muy simples me hagan feliz, mi parte amargator necesita alimentarse de algo. En esta ocasión le toca a las comidas de negocios.

Alguna vez leí que sólo en México se cierran negocios en una cantina y a la hora de la comida. En muchos paises -no importa si son primermundistas o no- la hora de la comida es quasi sagrada. Comer los sagrados alimentos a tus horas, en un abiente relajado y sin distracciones ayuda a que rindas mejor en el día y sobre todo a recuperar energías. Sin embargo, aquí en México estamos acostumbradísimos a mezclar nuestras actividades con la hora de comer. Miles de personas comen solas en un restaurante mientras leen un libro o consultan la lap top, y otras miles, si no es que millones, comen mientras sacan smart phones, papeles y presentaciones para hablar de negocios. Igual que la cantidad de personas, miles de millones de comidas se piden para llevar, se comen frías o se comen a medias, y esto al final no es comer.

Nadie entiende que es mucho más fácil comer en 15min o 20min y regresar al trabajo que tardarse 1hr. mientras se intenta trabajar y comer. Pero lo peor es que nadie ha entendido que el ambiente informal y el alcohol no ayudan en nada a trabajar. Tal vez el alcohol ayude a cerrar un negocio, sobre todo entre idiotas y narcos, pero no entre personas medianamente pensantes y común y corrientes.

Odio las comidas de negocios. Odio que me "inviten a comer" sin la seguridad de que no tendré que pagar, nadie se pone a pensar si llevas dinero o no, ni tiene la delicadeza de avisar si corre por cuenta de la empresa o no. Odio que transgredan mi libertad de horario para ingerir mis alimentos y sobre todo, que interfieran con mi agenda.

Ir a una comida de negocios no es productivo. Se pierde mucho tiempo en las presentaciones, el intercambio de tarjetas y la introducción a los posibles temas. Estás lleno de interrupciones, de la gente, de los meseros, de la calle. Si la comida se organiza porque hay un extranjero o jefe de visita es aún peor. El 90% del tiempo se habla del susodicho, de su pais, del avión y el viaje, del asunto que lo trae por aquí, pero no de trabajo. El 10% del tiempo hay alguien, generalmente el que organizó la comida, que se quiere lucir y sólo habla de sus novedosas ideas y planes que ni siquiera existen aún. Lo poco que queda de tiempo los diferentes comensales se dedican a preguntar qué hace la demás gente, su puesto, de que la "gira", asienten con la cabeza y sonrien. Hablan de los problemas en la empresa y solamente hay críticas y opiniones de como el corporativo debería hacernos la vida más fácil. Se critica a la gente más que a su trabajo.

Al final jamás se habla de trabajo y lo poco que se habla no sirve para avanzar. Mientras tanto, pierdes valiosas horas de tu tiempo en las que te estresas pensando en lo mucho que te vas a atrasar, y que por esa improductiva comidita probablemente salgas mucho más tarde que de costumbre. Si ha esto le añades que en la comida no conoces a nadie y lo más probable es que nadie te pele, -si no es para pedirte la sal- porque están muy ocupados haciéndose los importantes, mientras a ti eso de las relaciones públicas te tiene sin cuidado, lo mejor será inventar una excusa y safarte de tan relevante evento.

Odio las comidas de negocios. Me gusta disfrutar de mi comida, saborearla, tener una charla amigable y ante todo, evitar el tema del trabajo para relajarme y despejarme un rato. Yo trabajo para vivir, no vivo para trabajar. Así que trato de no mezclar agua y aceite. Como dicen en mi otro pueblo: "donde pongas la olla, no metas la polla". A mí las R.R.P.P. me vienen guangas. Yo he aprendido que hacerle la barba al director, asistir a todo evento posible y "hacerte ver", sirven para un carajo. Lo importante es lo que haces en tu trabajo, los resultados que das. Muchas veces he oido frases como: "es mi cuate pero es un inútil", "es buena gente pero no tiene idea del negocio", "es inteligente pero toma decisiones desastrosas". Y otras veces he oido lo inesperado: "Es un hígado, pero es un genio", "Es medio autista pero tiene unas ideas increíbles", "Es un antipático pero en su chamba, mis respetos". ¿Y saben quiénes se quedan en las chambas cuando hay recortes? Los hígados, los autistas y los antipáticos. Así que la verdad, las comidas de negocios me tienen sin cuidado.

Pero de verdad las odio. JAJAJA